José MARÍA
RoSA

La Junta Grande

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CAÍDA DE LA PRIMERA JUNTA Y
FORMACIÓN DE LA JUNTA GRANDE

El sarao en el cuartel de Patricios (noche del 5 de diciembre).

La noticia de Suipacha llegó a Buenos Aires el 2 de diciembre. No hubo iluminaciones ni festejos, quizá por la penuria del erario a causa de la guerra; si hubo alegría popular no se exteriorizó en las calles ni en la plaza de la Victoria.

Tal vez este retraimiento se debía a la repulsa contra Moreno, salvo del grupo llamado el Club que se reunía habitualmente en el café de Marcos y aplaudía la política del secretario de la Junta. Moreno salía poco de su domicilio, apenas para ir y volver a la fortaleza. Sabiéndose odiado lo hacia con dos pistolas en el bolsillo y custodiado por un grupo de amigos, cuenta su hermano Manuel.

Pero la noche del 5 hubo un sarao en el cuartel de las Temporalidades organizado por los oficiales de Patricios, que habría de tener una inesperada repercusión. Moreno, que no asistió, fue enterado por un escribiente de su secretaría que en la fiesta —conforme a la costumbre, y al reglamento interno de la Junta— se había dispuesto un lugar de honor a Saavedra y su esposa, doña Saturnina Otárola, y que un ebrio consuetudinario, el capitán retirado de Húsares Atanasio Duarte, había saludado a Saavedra y señora como los futuros monarcas de América.

Se ha hecho una leyenda de esos incidentes triviales aprovechados para una derivación política. No es verdad que Moreno no fuese invitado o que el centinela de la entrada le impidiese el acceso expresamente. Moreno no asistía jamás a fiestas ni convites, y al sarao podían ir los militares en actividad o retirados con sus familias. Al volver de su trabajo en la Fortaleza, que prolongaba hasta altas horas de la noche, le chocó encontrar en las Temporalidades un centinela, y quiso averiguar por si mismo si se impedía la entrada. El centinela lo rechazó, porque Moreno no se dio a conocer, pues hubiera bastado que dijese ser Secretario de Guerra de la Junta para que aquél pidiese órdenes, por lo menos.

Decreto de "supresión de honores" (6 de diciembre).

Moreno quiso aprovechar el incidente para eliminar o molestar a Saavedra. Esa misma noche redactó el decreto llamado de "supresión de honores" fundándolo en que al hallarse "privada la multitud de luces necesarias para dar su verdadero valor a todas las cosas, reducida por la condición de sus tareas a no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades... confunde los inciensos y homenajes con la autoridad y jamás se detiene a buscar al jefe por los títulos que le constituyen, sino por el voto y las condecoraciones con que lo ha visto distinguido... Es verdad que consecuente a la acta de su erección decretó al Presidente, en orden del 28 de mayo, los mismos honores que antes se habían dispensado a los virreyes, pero fue un sacrificio transitorio de sus propios sentimientos que consagró al bien general de este pueblo... el vulgo, que sólo se conduce por lo que ve, se resentiría de que sus representantes no gozasen del aparato exterior de que habían disfrutado los tiranos". ... Agrega con ironía: "... se mortificó bastante la moderación del Presidente con aquella disposición, pero fue preciso ceder a la necesidad".

La parte dispositiva suprime los honores del presidente "debiendo darse a la Junta reunida en actos de etiqueta"; le quitaba su escolta y "aparato que lo distinguía de los demás ciudadanos"; prohibía los "brindis, vivas o aclamaciones públicas en favor de individuos particulares de la Junta; si éstos son justos vivirán en el corazón de sus conciudadanos ... sólo se podrá brindar por la patria, sus derechos, gloria de nuestras armas y objetos generales concernientes a la felicidad pública", bajo pena de destierro por seis años; prohibía "que ningún centinela impida la entrada en toda función o concurrencia pública a los ciudadanos decentes que la pretendan" bajo pena de deposición del centinela; "las esposas de los funcionarios políticos y militares no disfrutarán de honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos ... la Junta no tendrá lugar determinado en las funciones públicas, ni habrá ceremonial en las iglesias"; y "habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte con que ofendió la probidad del Presidente y atacó los derechos de la patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida, pero se destierra perpetuamente de esta ciudad porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país".

El decreto era de lo más impolítico salido de la pluma de Moreno. No solamente agredía a Saavedra, cuyo prestigio se mantenía en el pueblo y los militares, sino que insultaba al pueblo considerándolo "desprovisto de luces" y lo llamaba "vulgo", y descartaba a las señoras de las prerrogativas de sus maridos. Ponerse en contra a los militares, el pueblo y las señoras de Buenos Aires no lo podría resistir Moreno ni nadie.

¿Cuál fue el "crimen" cometido por el capitán Duarte por el que merecería "perecer en un cadalso"?... La historiografía corriente dice que proclamar la monarquía. No es posible penar —y de manera tan radical— una simple opinión sobre forma de gobierno, y además el decreto es un documento monárquico pues está encabezado por la fórmula "La Junta Soberana a nombre del Señor D. Fernando VII". Hubo un crimen cometido por Duarte en estado de embriaguez, que los concurrentes y Saavedra disimularon, y no fue "proclamar la monarquía" en un Estado que todavía era reino. Fue el "crimen de los crímenes" de las antiguas leyes españolas, penado precisamente con "perecer en un cadalso": el crimen de lesa majestad de quitarle la corona a Fernando VII y ofrecérsela a Cornelio Saavedra. El delito de Duarte había sido declarar la independencia. Debe reconocerse que fue el primero en hacerlo cuando los gobernantes fernandeaban en público y apenas en el recato de leo secretos Planos de Operaciones se atrevían a otra cosa.

No quiere decir, por supuesto, que Moreno fuese enemigo de la independencia: le dijo claramente en su Plano y lo insinuó en muchos artículos de la Gaceta. Pero convenía mantener "el misterio de Fernando" en los actos públicos. Y sobre todo se le presentaba la oportunidad de acusar a Saavedra de falta de discreción por haber consentido el brindis, dando un motivo válido para separarlo de la Junta si se negaba a avalar la condena del capitán retirado de Húsares.

¿Qué se hizo de Duarte después de aquella noche famosa?... Cumplió resignadamente su destierro en San Isidro, olvidado por Saavedra que nada hizo por él y también por los demás gobiernos que nunca le levantaron la injusta pena. Los partes policiales de San Isidro —que han sido publicados— lo presentan como un viejo criollo, enemigo acérrimo de "los gallegos" dependientes de las tabernas a los que agredía apenas el carlón se le montaba a la cabeza. La patria le debe un desagravio a quien declaró la independencia en voz alta, y supo aguantarse el castigo orgullosamente.

El decreto de supresión de honores se cumplió escrupulosamente. El teniente coronel Marcos Balcarce elevaría el 8 una consulta sobre "los ciudadanos decentes" a quienes los centinelas no podían impedir el acceso a las fiestas; la respuesta de Moreno, el 14, fue que "se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque o levita".

Saavedra en sus Memorias dice que "el secretario Moreno tiró el decreto que pasó a la imprenta para que se imprimiese. Nada ignoraba yo de cuanto se hacía y por no dar margen a escándalos resolví ser el primero en conformarme cuando se llevase dicho decreto para la discusión y aprobación... Sería muy largo referir el pormenor de estas ocurrencias, ello es que llegaron al extremo de acordar mi separación de la Junta y de la presidencia".

French había formado, respaldado por la mayoría de la Junta, el regimiento, llamado de la Estrella por llevar este distintivo en la manga, con la base de su legión infernal" de jóvenes chisperos que actuó en la semana de Mayo. Era el respaldo militar de Moreno. Según Saavedra, sus enemigos se proponían separarlo de la presidencia "creyendo que la fuerza del coronel de la Estrella y el pequeño grupo de sus partidarias —el Club— serían bastantes a conseguirlo". Pero el golpe les falló por la habilidad de Saavedra de firmar el decreto y publicarlo, que levantó una indignación general contra Moreno.

En carta de Saavedra a Chiclana de 15-1-1811 se expresa aquél sobre su enemistad con Moreno y la conspiración con términos excesivos: "Esta hombre de baja esfera, revolucionario por temperamento, soberbio y helado hasta el extremo, se figuró que la benevolencia que el pueblo me manifestaba era sólo debida a él, y entró en celos y recelos; para esto su lengua maldiciente y alma intrigante empezó a buscar medios de indisponer a algunos en la junta y poco a poco fue ganando terreno. Él era el que vociferaba lo que decía en la Junta y me lo atribuía... finalmente valiéndose del brindis del bonachón del cuartel la noche en que nos convidaron y de un obsequio que le hicieron a Saturnina de una corona de dulce que guarnecía una de las fuentes y ella me pasó a mí y yo se la devolví, armó el alboroto de mi pretendida coronación y proclamación en el cuartel la noche del día 5, y trató se me prendiese y aun se me asesinase, y si no se hizo fue porque no encontró apoyo en ninguno. Entonces fue que salió con el Reglamento en la Gaceta del día siguiente que habrás visto, y yo accedí para hacerle ver su ligereza y el inicuo modo de pensar. En efecto, conseguí lo que me propuse. El pueblo todo (el sensato digo) elogió mi modo de pensar y ha mirado con execración a este demonio del infierno".

Los diputados del interior.

Estaban por entonces en Buenos Aires nueve de los diputados elegidos por las ciudades del interior para formar el Congreso General conforme al reglamento del 25 de mayo. Eran:

Por Córdoba: el deán Gregorio Funes.

Por  Mendoza: Manuel Ignacio Molina (en reemplazo de Bernardo Ortiz, fallecido).

Por Salta: Francisco de Gurruchaga (anulada la elección anterior de Tomás Sánchez).

Por Jujuy: el canónigo Juan Ignacio Gorriti.

Por Tarija: Dr. José Julián Pérez.

Por Tucumán: Manuel Felipe de Molina.

Por Catamarca: José Antonio Olmos (anulada la elección anterior de Francisco de Acuña).

Por Corrientes: Simón García de Cossio.

Por Santa Fe: Juan Francisco Tarragona.

Ya se ha dicho que la circular del 27 de mayo ordenaba su incorporación: "Así mismo importa que quede entendido que los diputados han de irse incorporando en esta Junta conforme y por el orden de su llegada a la Capital, para que así se hagan de la parte de la confianza pública que conviene al mejor servicio del rey y gobierno de los pueblos, imponiéndose cuanta anticipación conviene a la formación de la General, de los graves asuntos que tocan al gobierno". De esta manera, previamente a la reunión del Congreso, los diputados tendrían un adoctrinamiento político. En instrucciones de Moreno a los cabildos se dice que los diputados "instruirán a la Junta de los arbitrios convenientes a cada una de sus jurisdicciones" (San Luis) "debiendo oírse (a los diputados) para toda providencia que expida este Superior Gobierno respecto a ese pueblo (Mendoza)". Dándose cuenta "del rasgo de inexperiencia" de la circular del 27 de mayo, había cambiado de opinión sobre el ingreso automático. Los diputados se limitarían a informar a las Juntas de las cuestiones locales, y sólo entrarían en funciones al constituirse el Congreso General.

Elección de los diputados. Según el reglamento y la circular debía convocarse por esquela "la parte principal y sana del vecindario" garantizada por "la expedición de 500 hombres para hacer libre y honradamente las elecciones". El 18 de julio se avisa a los municipios que los electos deben reunir las condiciones de la instrucción general acordada para las elecciones de Cortes Constituyentes del reino, que eran ser naturales de los distritos, poseer cierta fortuna y mayoría de edad. Catamarca debió anular la elección de Acuña, que era español, y elegir a Olmos, nativo. La composición de los "cabildos abiertos" resultó un problema: en Salta el gobernador Isasmendi había convocado —antes de plegarse a Abascal— a "gente de ralea inferior, soldados, licenciados, pulperos, herreros" que eligieron diputado a Tomás Sánchez; protestaron los "nobles vecinos" y Moreno anuló el nombramiento y convocó "por el ayuntamiento y mediante esquela". Se eligió entonces a Gurruchaga.

En Santiago del Estero se excluyó al clero "por ser la parte más pútrida de la población" dijo el alcalde de 2º voto, eligiéndose no obstante al presbítero Juan José Sami, cuya elección fue invalidada. En Santa Fe hubo problemas por preeminencias de los asientos y convocarse a "puros jóvenes en quienes se considera una facilidad irreflexiva para las votaciones".

La remuneración correría por sus respectivos cabildos a razón da $ 8 diarios por sueldo y viático.

Las instrucciones variaban. Corrientes obligaba a su diputado Cossio "a no reconocer otro soberano que el Sr. Fernando VII, y estar subordinado al gobierno que legítimamente lo represente" (que era el Consejo de Regencia); Catamarca, por error, lo facultaba sólo "para servir de Vocal en la Superior Junta Gubernativa", pasándosele por alto el Congreso General; lo mismo ocurrió con Jujuy.

Incorporación de los diputados del interior (18 de diciembre).

El 10 de diciembre el deán Funes escribe a su hermano Ambrosio que a causa del descrédito de Moreno y la Junta por el decreto de honores, el regimiento de Patricios "había tomado como propia la ofensa" y se "oía por todas partes decir que los diputados deberían entrar al gobierno". El 16 vuelve a escribir diciendo que ha aumentado el clamor pero los de la Junta, menos Saavedra, parece que se oponen; mas creo que se les ha de hacer la forzosa porque el pueblo, la mayor parte de la tropa y el Cabildo así lo quieren".

El 18 se presentan a la Fortaleza los nueve diputados que están en Buenos Aires: el deán Funes de Córdoba, Manuel Ignacio Molina de Mendoza, Tarragona de Santa Fe, García de Cossio de Corrientes, Gurruchaga de Salta, Manuel Felipe de Molina de Tucumán, Pérez de Tarija, Olmos de Catamarca y Gorriti de Jujuy, y "tomando uno la voz de los demás" —dice el acta— reclamó el derecho que l«s correspondía de incorporarse a la Junta "hasta la celebración del Congreso", fundándolo: 1º) en que "la capital no tenía títulos legítimos para elegir por sí sola gobernantes", 2º) "el oficio circular de la convocación había ofrecido expresamente a los diputados que serían incorporados a la Junta", y 3º) "la necesidad de restituir la tranquilidad pública grandemente comprometida por un general y público descontento con la Junta". Se opusieron los vocales "pues siendo el fin de la convocación de los diputados la celebración de un Congreso nacional, hasta la apertura de éste no pueden empezar las funciones de los representantes... cuyo carácter era inconciliable con el de individuos de un gobierno provisorio... y la cláusula de la circular había sido un rasgo de inexperiencia que el tiempo había acreditado completamente impracticable... En cuanto a la cuestión política derivada de la convulsión que se anuncia... resultando este movimiento del reglamento del 6 de diciembre, no consideraban este conflicto con la opinión preponderante del pueblo en su número o parte más sana, sino por algunos díscolos que podían ser fácilmente contenidos siempre que la Junta se mantuviese firme". Pero no obstante cedieron a tratar el pedido de los provincianos.

Se consideró "el juez que debería decidir el conflicto". Convinieron que era "peligroso convocar al pueblo por el estado de fermento que se suponía en él, además que el pueblo sólo de Buenos Aires no era juez competente". Se aceptó hacer una asamblea de los diputados junto con los vocales.

A través del acta se desprende que la presencia de los diputados estaba avalada por las fuerzas militares y el apoyo popular. Era una verdadera revolución, a la que debieron someterse los vocales no obstante su optimista presunción de tener a favor "la parte preponderante del pueblo en el número o en su más sana parte". Los dos opinantes que el acta no nombra debieron ser el deán Funes por los diputados y Moreno por los vocales.

Se pasó a votar "por el orden de asientos que casualmente habían tomado". Lo hizo primero Manuel Ignacio Molina porque se "incorporasen los diputados para ejercer las mismas funciones que los vocales que hasta entonces la habían formado", adhiriéndose a su voto los otros ocho provincianos. En cuanto a los demás, Passo dijo "que no debían incorporarse ni tomar parte activa en el gobierno"; Saavedra "que la incorporación no era según derecho, pero accedía por conveniencia pública", adhiriéndosele Azcuénaga; Alberti "que contemplaba contra derecho y origen de muchos males semejante incorporación", pero al igual que Saavedra y Azcuénaga "accedía por conveniencia política"; Matheu aceptó sus palabras y Larrea votó llanamente por la incorporación; Moreno la entendió "contraria a derecho y al bien general del Estado en la gran causa de su constitución", creyendo más convenientes "otros medios enérgicos para apaciguar la convulsión política que ha creado la publicación del decreto del 6 de diciembre, que una variación en su forma, contraria al bien de los pueblos y a la dignidad del gobierno", pero "decidida la pluralidad y asentado el concepto de un riesgo inminente contra la tranquilidad pública si no se acepta esta medida, debía conformarse con ella". Por lo tanto la incorporación quedó resuelta por quince votos contra uno (Passo).

En su voto, Moreno hizo asentar la larga y generosa renuncia a su cargo: "Habiéndose explicado de un modo singular contra su persona el descontento de los que han impelido a esta discusión y no pudiendo ser provechosa al público la continuación de un magistrado desacreditado, renuncia a su empleo sin arrepentirse del acto de 6 de diciembre, publicado en la Gaceta del 8, que le ha producido el presente descrédito; antes bien espera que algún día disfrutará de la gratitud de los mismos ciudadanos que ahora lo han perseguido, a quienes perdona de corazón y mira su conducta errada con cierto género de placer, porque prefiere al interés de su propio crédito que el pueblo empiece a pensar sobre el gobierno aunque cometa errores que después enmendará, avergonzándose de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido con intenciones puras sus derechos".

Misión de Moreno a Brasil e Inglaterra.

La dimisión fue rechazada inmediatamente, insistiendo —según la tradición— porque "la renuncia de un hombre de honor es siempre indeclinable". No hubo tal insistencia, sino una gestión de Moreno ante Saavedra que se lo nombrase agente en Londres en reemplazo--de Vieytes que estaba por salir, manteniendo el cargo de secretario nominal de la Junta.

"Me llamó aparte —explica Saavedra en la mencionada carta a Chichina del 15 de enero— y me pidió por favor se lo mandase de diputado a Londres: se lo ofrecí bajo mi palabra; le conseguí todo: se le han asignado 8.000 pesos al año mientras esté allí, se le han dado 20.000 pesos para gastos; se le ha concedido llevar a su hermano y a Guido, tan buenos como él, con dos años adelantados de sueldos y 500 pesos de sobresueldo, en fin, cuanto me ha pedido tanto le he servido".

Después del 18 de diciembre, y hasta el momento de embarcarse, Moreno asistió a las reuniones de la Junta y firmó distintas resoluciones. De su puño y letra redactó las instrucciones de su misión, y su nombramiento conferido "al Secretario de la Junta Dr. Mariano Moreno". El objeto principal de la misión era adquirir armas y sugerir un acuerdo secreto que protegiese la revolución; también se dio poderes para Brasil, que cumpliría en caso de considerar conveniente esa escala, conducentes a dar a conocer los propósitos de mantener la monarquía de Fernando VII e impedir un avance portugués sobre la Banda Oriental.

Se embarcó el 24 de enero en el buque de guerra inglés Misletoe que lo trasbordó a la fragata mercante inglesa Fama en Ensenada, escoltada hasta cien leguas más allá del cabo Santa María por la Mistletoe para evitar un golpe de mano de los buques de Montevideo contra el secretario de la Junta.

El viaje fue penoso por los temporales y vientos contrarios. Según su hermano, "debilitado su sistema sufrió un mareo demasiado fuerte, después del cual cayó en una languidez profunda": sin embargo encontró ánimo para practicar el inglés traduciendo algunas páginas del Joven Anacarsis. A los treinta días la Fama, que navegaba en convoy, no había salido del golfo de Santa Catalina. Como las dolencias de Moreno seguían, el capitán (no había médico a bordo) le administró un emético "al que siguió una terrible convulsión... aunque quisimos estorbarlo, desamparó su cama y con visos de mucha agitación, acostado sobre el piso de la cámara... tres días estuvo en esa situación lamentable", dice Manuel. La "terrible convulsión" que siguió al purgante, los dolores y la muerte son el cuadro de una peritonitis, llamada entonces cólico miserere. La leyenda de un envenenamiento no tiene asidero.

Murió al amanecer del 4 de marzo de 1811 a la altura de la isla Santa Catalina. Sus últimas palabras, según Manuel, fueron "¡Viva mi patria aunque yo perezca!". Envuelto en la bandera inglesa fue arrojado al mar a las 5 de la tarde. La prensa británica hizo su elegía; la "British Review" lo llamó the Burke of South America. La noticia de su muerte llegó a Buenos Aires el 14 de octubre de 1811.

Por ausencia de Moreno la Junta Grande, en uso de las atribuciones dadas por el Reglamento del 25 de mayo, designó secretario sustituto a Hipólito Vieytes.


 

02/12/2011

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02/04/2012