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Los Yámanas

Yaganes, yaganeza o yámanas son indígenas nómades canoeros, recolectores marinos, cuyos antecesores habitaron desde hace aproximadamente unos 6.000 años los canales fueguinos chilenos que se extienden al sur y hacia el oeste de la isla grande de Tierra del Fuego hasta los canales Magdalena y Cockburn. También habitaron la isla Navarino e islas ubicadas al sur de esta hasta el Cabo de Hornos y la orilla norte del canal Beagle, en territorios que actualmente pertenecen a Chile y Argentina.

Yámana significa "hombre" en su acepción de "ser humano de sexo masculino" y ellos prefieren el nombre yagán para sí mismos y para su idioma que también en otras fuentes es referido como yamaníhasha. La palabra yagán deriva de Yahga-shaga que era el nombre que daban al Canal Murray, lugar donde solían reunirse y fue adoptado por los misioneros protestantes ingleses cuando establecieron una misión cercana a ese lugar.


Origen: Existen dos hipótesis de poblamiento, sensiblemente iguales a las de los kawésqar. Una que procedían del norte siguiendo la ruta de los canales chilotes y que atravesaron hacia el sur cruzando el istmo de Ofqui. La otra es que procedían desde el norte y poblaron las islas ubicadas al sur del Estrecho de Magallanes continuando hasta el Cabo de Hornos, en su punto de expansión sudoriental hacia el siglo XVIII lindaban con los manekenk, se considera que esporádicamente durante las temporadas calmas los yamana o "yaganes" arribaban a las islas Malvinas, allí habrían llevado el perro yagán que luego se trasformaría en el guará.


Ubicación geográfica

El área que ocupaban era enorme, pero no tan extensa como la de los kawésqar con quienes se juntaban en la isla Clarence, al sur del estrecho, cuando concurrían a buscar la pirita de hierro que empleaban para encender fuego, elemento indispensable para calentarse.

Se conoce la existencia de cinco parcialidades yámanas, que correspondían a variedades dialectales de la lengua yagán y cuyos nombres y ubicaciones son los siguientes:

  • Wakimaala: en Canal de Beagle desde Yendegaia hasta Puerto Róbalo, incluyendo Isla Ambarino, el Canal Murray e Isla Hoste.

  • Utamaala: al este de Puerto Williams y la Isla Gable hasta las islas Picton, Nueva y Lennox.

  • Inalumaala: en el Canal de Beagle, desde la punta Divide hasta la península Brecknock.

  • Yeskumaala: en el archipiélago del Cabo de Hornos

  • Ilalumaala: desde Bahía Cook, hasta el Falso Cabo de Hornos.


Historia: Los yámana llegaron a su área de nomadismo hace unos 6.000 años. Eran bajos, "desproporcionados" (por su adaptación a una vida canoera solían tener extremidades inferiores poco desarrolladas y, por contrapartida, troncos y extremidades superiores muy robustas) y corpulentos. Sus primeros contactos sostenidos con el hombre blanco lo establecieron entre 1826 y 1830 con las tripulaciones del capitán Fitz Roy quién estimó una población de unos 3.000 indígenas y posteriormente, en 1871, con los misioneros protestantes que se establecieron en la actual Ushuaia.

En 1869 misioneros ingleses fundaron la misión anglicana de Ushuaia (de la Iglesia de Inglaterra), en la costa norte del Canal Beagle. La misión se convirtió en un polo de atracción para los yámanas, formando un poblado permanente que en 1880 era habitado por unos 300 yámanas.

El contacto con el hombre blanco trajo las enfermedades, sobre todo el sarampión en 1884 y la de neumonía y de tuberculosis en 1886 en las que los yámanas, concentrados en la misión anglicana, murieron por centenares. Estas enfermedades minaron a su población de tal forma que en 1908 sólo quedaban 170.

Hacia 1890 ya existía una colonia de más de 300 croatas en dichos parajes. A comienzos del siglo XX, las tierras ancestrales de los yámanas en la isla Navarino fueron ocupadas por extranjeros. En 1950 quedaban 63 yámana los que habían quedado reducidos a 58 un cuarto de siglo más tarde. Se incluye en esta cantidad a 10 personas que pertenecen al grupo étnico pero que no presentan antecedentes yámana, sino alacalufe. Entre los 58 ya señalados, se incluyen también 3 hombres y 5 mujeres que son los representantes actuales de los yámana "puros". Al respecto es necesario recalcar que estando ya cerrada la posibilidad de fecundación de las representantes femeninas de este pequeño grupo, estas ocho personas son los últimos individuos con ambos progenitores yámana que podrá tener este grupo étnico. En el futuro toda la descendencia de los yámana será mestiza.

Actualmente casi todos los miembros de la comunidad yámana residen en Villa Ukika, un poblado cercano a Puerto Williams en la Isla Navarino. Unos pocos yámanas más se han dispersado por otros lugares de Chile. En Argentina sólo se conoce la existencia de cuatro personas de esta etnia en la ciudad de Río Gallegos ciudad capital de la provincia de Santa Cruz.

Choque transcultural: En 1830 el capitán Robert Fitz Roy, a raíz de un incidente con un bote, capturó a tres kawésqar y cambió un joven yamana; los embarcó en su nave, el Beagle, y los llevó a Inglaterra para educarlos y civilizarlos. Eran 3 hombres y una mujer, uno de los hombres murió al llegar a Inglaterra. Los 3 restantes luego de dos años de permanencia en Inglaterra donde hasta fueron presentados a los reyes emprendieron el regreso en el mismo Beagle al mando de Fitz Roy, desembarcando en la isla Navarino luego de un año de viaje. En cuanto Fitz Roy levó anclas, los tres fueguinos volvieron a su vida anterior. Estos habían sido bautizados como Fueguia Basket, York Minster, Boat Memory y Jemmy Button.

Exhibicionismo humano forzoso: El hombre blanco europeo desde su primer contacto con los indígenas patagónicos los consideró salvajes dignos de estudio. A partir de 1871 comenzó la exhibición de indígenas vivos en ciudades europeas y norteamericanas, costumbre que cesó a comienzos del siglo XX. Familias completas de las etnias kawésqar, yagán y mapuche fueron exhibidas en Francia, Inglaterra, Bélgica y Alemania. Llegaban secuestrados por encargo de sociedades científicas y por comerciantes que lucraban con su exhibición al público. Los viajes duraban entre 4 y 6 meses, y en ellos los indígenas solían enfermar y morir.


Organización social: Formaban bandas que no tenían jefes. Durante el invierno buscaban refugio en las costas donde armaban sus chozas. La base era la familia dirigidos por el padre y con roles asignados a cada integrante. Estos grupos familiares coexistían e interactuaban constituyendo partidas de caza no muy numerosas, facilitándose de esta forma el desplazamiento por los canales y el abastecimiento de alimentos.

Ambos sexos gustaban adornarse con pinturas, collares, muñequeras y tobilleras. Las pinturas podían cubrir el rostro, el cuerpo y a veces también los miembros. Los colores que se usaban eran el rojo, el blanco y el negro, formando diseños simples basados en rayas y puntos pero muy variados. La pintura facial y corporal formaba parte de muchos rituales y normas de cortesía. Además se utilizaba para comunicar estados de ánimo o las circunstancias en las que se hallaba su portador. Los collares podían estar confeccionados con conchillas o segmentos de huesos huecos de ave usados a manera de cuentas, o simplemente consistir en tendones o tripas trenzados. En ocasiones especiales se usaban vinchas adornadas con plumas de aves y en las colecciones etnográficas hay algunos notables ejemplares de éstas.

La primera menstruación de las muchachas daba lugar a algunas ceremonias y comportamientos rituales. Más importante era el chiejaus, al que asistían los adolescentes de ambos sexos como paso necesario para adquirir el status de adultos. No era una celebración estrictamente periódica, en realidad se efectuaba cuando en un grupo de familias se alcanzaba cantidad suficiente de candidatos y si se cumplían con las condiciones materiales suficientes para sustentar a los numerosos participantes durante las semanas o meses que duraba la ceremonia.

Decidida la realización, se construía una gran choza en la que se instalaban los adolescentes, sus padres, madres y padrinos, y todos los adultos que desearan participar. De entre ellos se elegían los oficiantes de la ceremonia. Los aspirantes eran sometidos a ayuno, inmovilidad, sueño insuficiente y trabajos duros. Eran además adiestrados en las tareas propias de cada sexo y se les inculcaban normas de comportamiento tanto pragmáticas como altruistas.

Estas últimas tenían elevado valor moral, aunque en la práctica posterior solían ser poco respetadas. El chiejaus incluía además narraciones de mitos y tradiciones, así como momentos de esparcimiento (cantos, danzas y juegos colectivos). Una vez cumplida la celebración por parte de los aspirantes, las mujeres quedaban en condiciones de contraer matrimonio, pero los varones debían asistir a un segundo chiejaus antes de ser reconocidos plenamente como adultos.


Idioma: Aunque su idioma está aún (2009) sin clasificar de un modo concreto por parte de la ciencia lingüística, resulta uno de los rasgos más señalados de su cultura ya que poseía un extensísimo glosario de unas 32.000 palabras (es el número de vocablos recopilados por Thomas Bridges aunque se considera superaban las 40.000); el idioma yamana tenía léxico muy especializado en algunos campos semánticos en cuanto llegaba a señalar definidamente objetos en cosas que en otras lenguas pasaban y pasan inadvertidas o resumidas en un nombre de conjunto (complexivo), y por otra parte lograba singulares síntesis (particularmente para reflejar conductas y estados afectivos) como lo demuestra la palabra mamihlapinatapai.

Los Yámanas llamaban a su lenguaje yamaníhasha. Se caracterizaba por ser sonoro y abundante en vocales. A pesar de su riqueza en vocablos, los yámanas eran poco conceptuales: no entendían ideas abstractas separadas de un contexto de aplicación inmediata. Muchas de sus palabras servían para indicar matices sutiles o diferencias de situación; la estructura gramatical utilizada era sencilla.


Vestimenta: Pese al frío húmedo de los territorios que habitaban su ropaje mantenía gran parte del cuerpo al descubierto, la explicación para esta aparente paradoja estaba precisamente en un modo de evitar la saturación por humedad (que acelera la pérdida de calor corporal) merced a la ventilación de las partes de la piel en donde menos se pierde calor. Usaban cueros de lobo marino o nutria sobre sus hombros, atados en el cuello y en la cintura esta pieza relativamente pequeña era desplazada sobre el tronco para tapar las zonas donde más incidía eventualmente el viento; utilizaban además, otro cuero que cubría sus genitales y fabricaban sencillos calzados de cuero semejantes a mocasines. Las mujeres usaban collares elaborados de huesos de ave o de caracoles pequeños.


Alimentación: Consistía principalmente en carne del lobo marino, nutria y carne de ballena; para cazar a estos mamíferos empleaban largos arpones. Además consumían una gran variedad de especies marinas, entre las que destacan las cholgas, erizos, centollas y diversos peces. Cuando acampaban, consumían complementariamente carne de guanaco y aves, así como hongos, bayas y huevos, también se alimentaban de pingüinos al spiedo (espetados sobre un fogón haciéndoles girar para que perdieran parte de su grasa la cual podía ser utilizada para cubrir la piel o como linimento). No eran agricultores. Rastros de sus sitios más frecuentados de alimentación son los Køkkenmødding que se observan en las costas de los territorios que habitaron.


La canoa era fabricada con corteza de árbol, principalmente de lenga, medía 5 metros de largo y 1 de ancho y era manejada por la mujer desde la sección posterior de la misma.

Las canoas eran el elemento más elaborado de la artesanía de los yámanas y su propiedad más valiosa, como que su vida dependía de poseerlas. Placas de corteza cosidas entre sí eran mantenidas abiertas con una armazón de varillas de madera hendidas al medio y retenidas en posición arqueada por travesaños y por bordas de madera longitudinales. El piso era reforzado con más placas de corteza y en el centro se confeccionaba una plataforma de tierra o guijarros, sobre la que se mantenía fuego siempre encendido. Aunque las había más grandes, en general esas canoas medían entre 3 m. y 5,5 m. de largo y podían transportar seis o siete personas. No tenían quilla ni timón. Eran de fondo plano, lentas, se bamboleaban mucho y era necesario desagotar continuamente el agua que se filtraba por las costuras, pero se mantenían bien a flote aunque el agua estuviera agitada. Podían navegar bien sobre las frondas de algas, capacidad muy importante para poder acercarse a las costas pues éstas estaban en su mayor parte bordeadas por densas frondas de cachiyuyos. Los propios remos, de pala muy larga y mango muy corto, permitían impulsarse sobre las frondas de cachiyuyos sin enredar el remo en las mismas. Las encargadas de remar eran habitualmente las mujeres, pero cuando era necesario también lo hacían los varones. Salvo accidentes, solían durar seis meses a un año; la época habitual de confección era octubre a febrero, cuando la corteza podía ser desprendida de los árboles con facilidad.


Herramientas: Los materiales utilizados para la elaboración de sus herramientas fueron huesos, maderas y piedras, agregando cueros de animales, sus tendones, nervios y fibras vegetales. Con ellos utilizaban sus armas e instrumentos de caza y pesca. Por ejemplo: lanzas, flechas y arpones.

Los nativos también aprovechaban los huesos de las ballenas apropiados para confeccionar puntas de arpón y otros utensilios, y las barbas, que convertían en filamentos para cantidad de usos como costuras de canoas y baldes de corteza o lazos de trampas para aves.

Ponían mucho empeño en apoderarse de pingüinos, cormoranes, cauquenes, patos-vapor y otras aves. También hay que recordar el consumo estacional de huevos. Aparte de su consumo como alimento, de las aves se guardaban ciertos huesos para confeccionar utensilios y adornos, las plumas para adornos y otros fines, el plumón como sucedáneo de la yesca y los buches como bolsitas para conservar aceite y embutidos.

Los utensilios de piedra tallada que no fueran puntas de flecha eran poco elaborados. Con huesos de distintos animales confeccionaban cuñas para partir madera, objetos para extraer la corteza de los árboles, punzones, tubos sorbedores, peines, etc. Las conchillas de algunos mejillones eran usadas como cuchillos, siendo más eficaces en esa función de lo que se podría suponer. A veces eran enmangadas, atándolas a un guijarro de playa en cuyo caso funcionaban más como un cincel que como un cuchillo. Se confeccionaban baldes y jarros de cuero o de corteza. Los canastos de junco eran inseparables de las mujeres. Había multitud de otras aplicaciones para la madera, la corteza, el cuero, el pellejo de aves y sus plumas, ciertas vísceras, los tendones, las fibras vegetales y unos pocos elementos tomados del reino mineral.


Religión

Creencias: Creían en un ser único y poderoso, Watauinewa a él le rogaban para iniciar prácticamente cualquier actividad. También creían en unos espíritus malignos a los que denominaban Curspi, y en criaturas miticas llamadas Hanuch y Kachpik.

Curanderos y funeral: Entre los yámana existieron y fueron importantes los curanderos o "chamanes", llamados Yekamush, quienes podían sanar enfermos, curar desequilibrios emocionales e invocar a los espíritus. Cuando un yámana fallecía, lo envolvían con cueros y junto a él ponían sus pertenencias. Lo cubrían con tierra y ramas y abandonaban el lugar para siempre.

El duelo se manifestaba con estentóreas lamentaciones y cantos lúgubres; los deudos se laceraban el rostro y el cuerpo, se tonsuraban el pelo y se pintaban de una manera especial. El cadáver era amortajado con cueros y atado con correas; luego se lo enterraba o se lo cremaba.

Los yekamushes gozaban de cierto prestigio e influencia, pero no poseían autoridad efectiva. Eran curanderos, hechiceros y oficiaban de chamanes (es decir, intermediarios con lo que nosotros, no los yámanas, llamamos mundo sobrenatural). Llegar a ser yekamush era bastante accesible para los varones y de hecho casi todos los adultos de este sexo lo eran o decían que lo eran.

Los yámanas respetaban cierta cantidad de prescripciones rituales en algún momento especial de sus vidas, pero no tenían culto ni sacerdotes. Los observadores del siglo XIX estuvieron de acuerdo en que los yámanas no tenían nociones de Dios, alma o cielo, ni creencia en recompensas o castigos post-mortem. Por el opuesto, los padres Gusinde y Koppers afirmaron que creían en un dios único, omnipresente y omnipotente. El debate no está cerrado y ambas posiciones pueden recibir críticas. Sí hay consenso en que temían a los kíshpix, espíritus del mar, de las rocas, de los árboles, etc. Se los imaginaba malévolos y de aspecto horripilante. Creían que en los bosques habitaban los hanush, que podían ser espíritus u hombres salvajes. Los Yoalox (dos hermanos y una hermana) eran una suerte de héroes civilizadores, seres sobrehumanos (pero no deidades) que habían enseñado a los antepasados de los yámanas cantidad de cosas útiles (cómo encender fuego, cómo cazar aves, cómo confeccionar arpones, etc.).